MICRORRELATOS
A pesar de que a la mayoría de vosotros apenas os suene el nombre, no es algo nuevo. De hecho tiene sus comienzos en la Edad Media en los bestiarios (aquí tenéis una definición de bestiario: http://es.wikipedia.org/wiki/Bestiario ). También hay otros ejemplos de microrrelatos a lo largo de la historia: Los podemos encontrar en las sentencias del Conde Lucanor; en las parábolas de Jesús…
No voy a relatar aquí la historia del microrrelato porque puede resultar un poco pesada y aburrida, pero siempre podéis encontrarla en Internet si os interesa.
Un microrrelato se caracteriza, como indica si nombre, por la brevedad. Aunque en este término se puede abrir un abanico bastante amplio: hay microrrelatos de varias páginas; otros que ocupan una sola página; y otros que no se extienden más que unas palabras. Debido a esta brevedad en los microrrelatos, los títulos representan un papel importante que muchas veces dan sentido al texto.
Se caracterizan además por la variedad temática: como las novelas, pueden abarcar todo tipo de temas.
He seleccionado algunos microrrelatos que me han llamado la atención para poneros algunos ejemplos:
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Error fatal
El cazador había perseguido al lobo por todo el bosque. Finalmente, divisó un bulto moviéndose entre los matorrales. Hizo unos disparos y luego se acercó a ver. Desolado, contempló el cadáver del lobo con su panza abierta, junto a los de una viejecita y una niña que llevaba un pañuelo rojo en la cabeza.
Juan Carlos Cuevas.
“De momento, voy a ir llenando la piscina hinchable. Tú ve preparando los bocadillos para que se cebe el niño”, piensa el hombre mientras espera a que se llene el recipiente. Después mira a su hijo, una bola de diez años que se pasa el día comiendo. “Encima le ponemos una piscina”, murmura irritado. Sin pensarlo, coge la aguja, la clava y ve cómo se vacía lentamente emitiendo un silbido estridente, arrugándose como un fantasma abducido por sí mismo. “¡Ya está llena la piscina, qué bien!” exclama la mujer. “¿Dónde está el niño?”, añade. “Ni idea”, responde el hombre mirando sonriente el trozo de plástico sobre el césped mojado.
Claudia Munáiz.
El dinosaurio
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Augusto Monterroso.
Adrenalina
Guardaban la perla bajo increíbles medidas de seguridad. Brillaba suavemente sobre su almohadón de seda color albaricoque. Una vez al día abrían la vitrina para que una empleada de la casa de subastas rectificara mínimamente su posición y renovara la contraseña. Rozaba con un dedo la perla y cerraba de nuevo el vidrio. El resto del día ya no vivía, soñaba, se convertía en otra persona, en otro tiempo, en otro lugar, en la propietaria de palacios y barcos. Era como rozar el agua y no llegar a alcanzarla.
Yaiza Ráez Ortiz.
Realizado y recactado por :Marta Chico Nieto-Sandoval, 1ºC.